El dilema del huevo

Actualizado: 14 de ago de 2019

Comer o no comer huevo... se vuelve a abrir el debate.


La semana pasada JAMA, una de las revistas médicas más reconocidas, publicó un estudio donde se asocia el consumo de más de tres huevos a la semana con accidentes cardiovasculares y (eventualmente) la muerte. Esto se debe a la gran cantidad de colesterol en la yema del huevo: un huevo grande (entre 180 y 200 miligramos de colesterol en un huevo grande).


El estudio concluye que consumir 300 miligramos de colesterol al día aumenta el riesgo de enfermedad cardiovascular en un 17% por lo que comer de tres a cuatro huevos por semana, generaría, según el estudio, un aumento del 6% en el riesgo de enfermedad cardiovascular y un aumento del ocho por ciento en el riesgo de muerte prematura.


Si tenemos en cuenta que el huevo es la fuente de proteína más barata para los colombianos y cada persona en promedio, según Fenavi, consume cerca a 6 huevos por semana, este estudio nos pone a la mayoría en un riesgo muy alto enfermedad.


Con este panorama tan desalentador es inevitable pensar que todo lo que comemos nos hace daño. Cada semana parece que surge un nuevo estudio con nuevos hallazgos que nos dejan confundidos y frustrados. Este estudio, aunque de una fuente confiable, contradice lo que muchos estudios anteriores habían confirmado; que un mayor consumo de huevos no conlleva un mayor riesgo de enfermedad coronaria o accidente cerebrovascular.


Algunos defensores de una dieta con huevos , como el Dr. Ethan Weiss, cardiólogo y profesor asociado en el Instituto de Investigación Cardiovascular de San Francisco, creen firmemente que los hallazgos del estudio publicado por la JAMA NO son lo suficientemente robustos para que cambiemos nuestras dietas para siempre. El motivo: que éste (como muchos otros estudios que nos confunden) es un estudio observacional de Epidemiología nutricional donde los investigadores buscan observar y examinar los hábitos alimentarios de una población a lo largo del tiempo; pero que con frecuencia, produce resultados contradictorios ya que resulta muy difícil medir la dieta de las personas con precisión.


Los datos sobre el consumo de huevos se recopilaron mediante cuestionarios o tomando un historial de la dieta. A cada participante se le preguntó lo que habían comido durante el año o mes anterior, por lo que los datos del estudio se basan en lo que los participantes recuerdan haber comido hace meses o incluso años.


El Dr. John Ioannidis, profesor de medicina y políticas de salud de la Escuela de Medicina de la Universidad de Stanford, ha hablado y escrito ampliamente sobre los defectos de los estudios observacionales de nutrición indicando que es necesario que estos estudios se abandonen ya que los sesgos generados por la mala memoria de los participantes pueden ser graves.


Entonces, ¿podemos decir que no pasa nada y que comernos un huevo o dos al día no aumentará nuestro riesgo de enfermedad cardíaca? Pues no. Pero tampoco podemos decir que lo hará. Todos somos personas diferentes y tenemos una respuesta diferente a lo que comemos. Tenemos una predisposición genética, nuestro estado mental , nuestro estilo de vida, y muchos otros factores que este estudio no tuvo en cuenta. Lo que sí podemos decir es que existe evidencia más contundente de que otras grasas, especialmente las grasas trans y las grasas saturadas, aumentan los niveles de colesterol más que el colesterol que tiene la yema de un huevo. Es mejor, por el momento, dejar el debate del huevo para cuando podamos sacar conclusiones más confiables.

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